Chattigo, diez años después: el orgullo silencioso de haber estado ahí

Hace unos días me enteré de que Chattigo, una startup chilena que conozco bastante bien, fue adquirida por la estadounidense Capacity por cerca de sesenta millones de dólares.

Chattigo fue una de las primeras startups en las que confiamos desde el área de Innovación de Enel. Llegué al equipo en 2016, el mismo año en que su chatbot —activado con el comando #luz en Twitter— empezó a operar de verdad, para que los clientes pudieran autoatenderse durante emergencias eléctricas sin esperar en una línea telefónica. Participé en ese proceso de puesta en marcha: en los ajustes de los primeros meses, en las reuniones donde decidíamos si el sistema ya estaba listo para escalar.

Nunca olvidaré el temporal de nieve que colapsó Santiago en 2017. Mientras las líneas telefónicas de Enel estaban completamente saturadas, los canales digitales de Chattigo siguieron funcionando y sostuvieron conversaciones con más de 400 personas al mismo tiempo. Fue la primera vez que vi, en la práctica, lo que significa haber confiado en la startup correcta.

Antes de esta venta, Chattigo había levantado apenas dos millones de dólares en toda su historia. Hoy son 800 clientes en más de 20 mercados, y una compañía estadounidense que ya trabaja con Disney, Apple y Walmart pagó sesenta veces esa cifra por ellos.

No tuve nada que ver con esta venta, ni falta que hace. Pero sí siento un orgullo silencioso cuando veo lo lejos que llegaron. Haber estado ahí al principio —cuando todavía era solo un chatbot resolviendo cortes de luz— y verlos crecer hasta esto es, para mí, lo mejor del corporate venturing: no la nota de prensa ni el logo en una presentación, sino la satisfacción de haber ayudado a que algo funcionara, y comprobar, años después, que siguió funcionando mucho después de que dejamos de estar en la misma sala.

Desplazamiento al inicio